Y era francamente alucinante… ella, nunca en su corta vida había visto una casa tan grande y lujosa como la que en ese momento tenía en sus narices. No era solamente gigantesca e imponente, sino además bastante moderna y sofisticada. Sin embargo, conservaba también algunos detalles de una moda más antigua, como una chimenea gigante y rodeada de sillones de cuero.
- Esta es nuestra pequeña casa. – Bruce miró a _____, con una sonrisa en los labios que demostraba amabilidad. Era además bastante guapo… muy guapo a decir verdad, pero sobre todo muchísimo más cordial que el rubio que venía arrastrando los pies atrás de ellos.
_______ observaba fascinada. Parecía una niña dentro de un parque de diversiones solo para mujeres. Se dedicaba a mirar, tocar, preguntar. A Justin le sorprendía la mucha paciencia que llevaba teniendo con ella desde que los tres habían llegado a la residencia.
- ¿Viven los dos solos? – ella enarcó una ceja, soltando una pequeña risita que hizo a Bruce sonreír también. Es que había algo en ella que le hacía ver tan… equivocadamente adorable.
- Sí y dedícate a pensar menos estupideces ¿está bien? – bufó Justin detrás de ellos, al mismo tiempo que soltaba la pequeña maleta que ______ había logrado armar cuando Justin aceptó el trato que ambos habían acordado. – Ahora siéntate, que estas no son vacaciones y lo que vas a hacer aquí no va a ser menos difícil que quedarte encerrada en una celda.
Bruce negó con la cabeza, mirando a ________ de soslayo, que había tomado asiento en uno de los sillones de la enorme sala de estar. No parecía atemorizada, ni avergonzada, al contrario, miraba a Justin con la quijada arriba, esperando ansiosa a que este derramara su veneno en ella. Como si le gustara escucharlo odiarla. Como si le gustara ser odiada.
- En primer lugar, esta es mi casa y la de Bruce. – Justin levantó la mirada hacia su amigo, que permanecía cruzado de brazos en una esquina. – Segundo, ahórrate cada pensamiento estúpido, si vivimos juntos es porque sale todo más barato, no porque tengamos alguna jodida relación. O si no puedes preguntárselo a las incontables mujeres que he traído aquí ¿está bien?
Ella solo se dedicó a asentir, con una sonrisa en la cara que solo jodía a Justin muchísimo más.
- Lo siguiente es lo primordial, acostúmbrate a no comentar o si quiera hablar en esta casa, a menos de que yo te lo pida. Porque si te he traído aquí es porque habrán sesiones diarias donde te haré preguntas con la finalidad de encontrar a ese hijo de puta que busco. ¿No crees que hago mucho con darte este precioso refugio? – estiró ambos brazos, haciendo que ella dirigiera la mirada a cada lugar que tenía alrededor. – Pues bien, tendrás solo una semana para hacerme saber que no me equivoqué al traerte aquí, ¿ capisci? O si no preciosa, no me costará nada regresarte con las otras de tu especie. – él dio media vuelta, continuando con su discurso. – No saldrás, ni usarás ninguno de los servicios que ves en esta residencia. Si te pido que hagas algo por mí, lo haces y punto, además de…
- ¿Seré… tu esclava? – con un lento movimiento de lengua, ella mojó sus labios, dejándolos húmedos y con un aspecto delicioso. Su mirada delataba mucho más que simple diversión.
- Uhm, ese es otro aspecto que debo tocar. Nada de tus estúpidos comentarios calientes aquí ¿sí? Sé que es lo que haces día a día, pero trata de pensar que tienes vacaciones, guapa. Además…
- ¿Le puedo mostrar ya su habitación? – una voz desde una esquina de la enorme sala se escuchó. Bruce miraba a ______, como intentando transmitirle que iba a salvarla del inmenso discurso de Justin.
- Sí, vale, lo que sea. Solo espero que lo hayas tenido claro. – con una mirada rápida de pies a cabeza, Justin pasó a caminar en dirección contraria a ella, en busca del bar que estaba a dos peldaños más arriba.
En cambio Bruce se acercó a ______ y en murmullos, Justin solo logró escuchar un “Es la última puerta de la derecha” que hizo que la muchacha se perdiera en el pasillo. Una vez solos los dos, Bruce tomó asiento en uno de los sillones, con una sonrisa en los labios. Una jodida sonrisa en los labios…
- ¿Qué? – Justin alzó ambos hombros.
- Es guapa ¿no?
- Es una puta. – contestó con frialdad.
- Pero es guapa, no lo vas a negar.
- Pero es una puta, tampoco lo vas a negar. – con aires de autosuficiencia, dejó la copa de vino a un lado y caminó en dirección contraria a Bruce. – Te la puedes tirar si quieres. – comentó Justin. – Al fin y al cabo no va a ser nada nuevo para ella. – y con una sonrisa, terminó por desaparecer camino a los jardines exteriores.
Hizo un par de llamadas. El oficial Osborn estaba en su lista. Unos varios años mayor que él, también trabaja en la misma misión de los veintiún asesinatos junto a Justin, Bruce y un par de colegas más. A decir verdad, era él el único que confiaba en Justin del todo. Pues lo demás todavía no podían entender la descabellada idea de Justin al creer en una mujer que acababa de conocer. Y la verdad es que… ni siquiera él mismo podía entenderlo.
Lo único en lo que había pensando al aceptar la decisión, era en él mismo… joder…es que podía oler el dinero de esa misión a kilómetros. Sería un pez grande si atrapaba a ese hijo de puta que buscaba. Y sentía que estaba muy cerca de hacerlo, pues tenía en sus manos a la única pieza clave que le ayudaría…
De camino al interior de la casa, volvió a servirse un poco de vino en una copa y caminó directo a su habitación. Una vez dentro de ella, tomó hasta la última gota de vino, dejó la copa tendida sobre su cama y pasó a desvestirse. Una preciosa escena que cualquier mujer pagaría por ver. Era guapísimo, además de tener una excelente figura bien trabajada. Su cuerpo era dorado, sin ninguna inscripción o tatuaje que lo hiciera ver defectuoso. ¿Cómo alguna mujer se podría resistir a ese hombre de metro ochenta y un poco más? Si solo el mismo acto de verle mojaba las bragas de muchas señoritas…
Una vez desnudo y bastante campante, balanceó su cuerpo hacia su inmenso baño personal, ubicado en una esquina de su habitación. Se despeinó con la mano y jaló la manija de la puerta. Y alguien gritó.
- ¡MIERDA! – una mujer desnuda estaba en la bañera. Miraba a Justin con la respiración agitada y cubría con sus brazos aquellas partes íntimas.
Pero ella no era la única sorprendida… o cabreada…
- ¿Qué demonios haces tú aquí, EN MI JODIDO BAÑO? – las últimas palabras que Justin soltó se vieron reflejada en gritos. Ahora mismo tenía el rostro colorado del propio enfado y los puños apretados, que cubrían su polla. Esta mierda no era de su agrado.
- Tu amigo me dijo que esta era mi habitación… - se excusó ella.
- Mierda, ¡BRUCE! – gritó un Justin encolerizado.
- ¿Puedes dejar de gritar? – le preguntó ________ desde la bañera, con una expresión de irritación en su rostro. Al mismo tiempo se veía graciosa, tenía espuma por los hombros y un poco en su cabello cogido en una cola. – Si este no es mi habitación, entonces me voy y punto. – cabreada, se puso de pie. Con la diferencia de que esta vez no cubrió nada en ella…
- Wow… ¿te puedes tapar? - le preguntó él sin ninguna intensión de que ella lo hiciera. Al contrario, sus ojos podían fijarse muy bien ese precioso tatuaje en el vientre. En ese pubis depilado. En ella. En su piel. En lo bien… que se encontraba.
- No. No quiero. – bufó ______, molesta. Se sacó la espuma del cuerpo, como si estuviera sola en aquel cuarto de baño. Cuando en realidad tenía a un hombre con muchísimas testosterona que le miraba con los ojos muy abiertos. – Pareces una niña gritando por todo. – susurró ella, sabiendo que aquel comentario solo despertaría una ira gigante en él. Lo miró de reojo, mientras salía de la bañera y buscaba su ropa sobre el váter.
- ¿Una qué? – él se quedó inmóvil en su sitio… había dejado de cubrir su entre pierna… y la mirada de ella no dudó ni un segundo en caer ahí abajo, dándole a Justin un empujoncito para que su cuerpo empezara a entrar en calor. Aquellos ojos azules le habían puesto desde un primer momento, y ahora, teniéndolos sobre su polla… solo lo hacían… Dios…
- Una niña. – repitió ella moviendo el cuello y meciendo sus senos al compas de su voz. Se veía malditamente bien en ese aspecto, mojada y chorreante. ¡Mierda!
- La única niña aquí eres tú, ¿qué nunca te desarrollaste más? – Justin la miró de pies a cabeza, riendo como un jodido idiota y burlón. – Sin embargo tienes buenas tetas.
- Lo mejor que has visto en tu vida, imbécil. – contestó ______, bastante cabreada. Puso su ropa sobre sus senos y feminidad y avanzó de frente hasta la puerta. – Ojalá y se te baje esa erección.
- Ya quisieras, guapa.
Ella volvió a darle un vistazo a esa increíble polla que tenía frente a sus ojos. Sabía que lo intimidaba cuando la miraba, porque cambiaba de postura… ligeramente nervioso.
- Míratela.
- ¿Te puedes ir? – Justin ladeó la cabeza. Irritado. Nervioso. Excitado. – Tengo que pagar para que vengan y laven mi bañera.
- Vete al infierno. – bufó ella. Jamás había estado tan cabreada nunca.
- Si yo me voy al infierno, tú vienes conmigo. – le dijo Justin, con una sonrisa irritante en los labios. _______ dio media vuelta, con el demonio a flor de piel y movió el culo fuera del cuarto de baño de Justin.
Y vaya culo… tenía un par de nalgas que provocaba tocar, tocar y tocar…
Le tomó unos minutos reaccionar y darse cuenta que le había excitado el cuerpo de una prostituta. Y sobre todo que ella tenía razón… sí tenía una buena erección ahora mismo… verla desnuda por primera vez había sido bastante fuerte, pero aquello no se asemejaría ni un poco a todo lo que terminaría sintiendo.
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- No tenía idea de que sabías cocinar. – Bruce la miraba sorprendido desde atrás, sentado sobre una de las butacas de la encimera de la cocina, mientras ________ movía las ollas y preparaba algunas cosas.
- No soy tan mala como tu amigo piensa. – dijo ella en un tono encantador. Tenía puesto una camisa de hombre que Bruce le había prestado, pues la ropa que ella tenía… era bastante sugerente debido al tipo de trabajo que tenía. Y definitivamente no quería incomodar a nadie.
- Justin se estresa rápido. – Bruce negó con la cabeza. Mirando a ______ de espaldas y agacharse para recoger un trapo sucio. La camisa que traía puesta subió hasta los muslos, hasta el último centímetro de ellos. Y él no pudo evitar inclinarse un poco con el deseo de ver un poco más. Dios… es que ella era tan…
- Uf, sí, dímelo a mí. - _____ se volteó a mirarlo, con una sonrisa en los labios.
- Simplemente… no le prestes atención. Está muy concentrado en su trabajo, pero no es una mala persona.
- ¿Tiene novia?
La pregunta de __________ hizo que Bruce frunciera el ceño, sorprendido.
- ¿Por qué? – preguntó él con una sonrisa artificial.
- No lo sé… es que… - ____ alzó los hombros. – no puedo imaginarme a alguien soportándolo. – soltó una risita pegajosa que hizo que Bruce riera con ella.
Y ambos rieron. A él le parecía tonta la manera en la que Justin la había juzgado sin antes conocerla. Es más, no creía en él. Le daba igual si Justin pensaba que solo se trataba de una prostituta barata. En ella había algo más que intentaba descubrir…
- ¿Has comprado comida? – una voz se escuchó desde el otro extremo de la cocina. La voz de Justin se apagó al observar a _______ moviendo una cuchara dentro de una olla. Pero no solo por eso, sino por qué ella vestía una camisa de hombre… y aquella no era suya…
- Está cocinando ella. – Bruce sonrío a Justin, pero en este no había una mínima cosa para sonreír.
- Sí. Lo que sea. Necesito hablar contigo de trabajo. – le dijo a Bruce sin siquiera detenerse en mirar a _______.
Bruce se apartó junto a Justin.
- ¿Qué? – preguntó Bruce con naturalidad, mirando a ______ desde lo lejos.
- Te van a pagar por resolver este caso, no por follarte a la puta.
- Eh, no me he follado a nadie.
- Lo que sea. Osborn quiere hablar contigo sobre un asunto importante y te quiere en la oficina en veinte.
- Sí… vale… - respondió Bruce, alzando ambos hombros y sin quitarle la mirada a _____. – Cuídala por mí.
- Deja de portarte como un hijo de puta caliente. – protestó Justin con desdén, y desapareció poco a poco en camino a su habitación para realizar algunas llamadas.
No deseaba en lo absoluto observar como su amigo coqueteaba con la puta que él detestaba… le parecía ridículo. Así que insistió en desaparecer y encerrarse en su habitación hasta que Bruce volviera.
Pero el tiempo corrió, y sucedió lo mismo con sus ganas de comer. Joder. De verdad tenía hambre. Habían pasado veinte minutos y Bruce no regresaba, y definitivamente no quería comer con la perra a solas, mucho menos después del incidente en su baño… estaba viéndose… ¿intimidado por ella? ¿Intimidado él? Por favor… ahora mismo se sentía ofendido por sentirse así de esa manera con ella. Así que salió de su habitación, encontrándose otra vez con _______ en la cocina. Pero esta vez estaba sentada sobre la encimera de la cocina. Una pierna sobre otra. Dejando ver mucha piel. Bonitas piernas.
- ¿Qué has cocinado? – preguntó él tratando de asemejar desinterés.
- Qué importa, seguro vas a rechazarlo.
- Deja de portarte como una engreída y dime que has preparado.
- No.
- Me irritas ¿lo sabías? No me digas nada.
- Lo que he preparado es solo para Bruce. – dijo ella. Y sabía… que en el fondo, aquello hería a Justin muchísimo. Sin ninguna explicación.
- Bruce es inteligente, cariño. Que tenga la polla dura por ti es muy diferente. No siente nada más que eso y solo quiere sexo. – sonrió él, muy plácido y contento.
- ¿Por qué eres tan hijo de puta?
- Me hicieron con amor.
- No lo parece.
- Tú pareces adoptada.
- Imbécil.
- Calienta pollas.
- Cabrón.
¡Dios!
Él se detuvo.
- Vale, detente. Mira guapa, ¿por qué no mejor
hacemos las paces?
_________ frunció el ceño. Esto hasta ella le parecía extraño…
- Vamos a vivir aquí por durante un tiempo y vas
a tener que trabajar conmigo. – Justin se dio vuelta y caminó hacia el bar que estaba a varios pasos detrás de él. – Así que es ridículo seguir peleando ¿no crees?
Ella estuvo a punto de asentir, mientras observaba a Justin sacar un par de copas del estante y servir vino en las dos.
- Vamos a brindar. – él sonrió. Su sonrisa perfecta y blanca adormeció el enojo de ______. Sin embargo se detuvo detrás del bar unos minutos, mientras movía las manos haciendo algo que solo él sabía.
A los pocos minutos caminó hacia ella, con la copa respectiva en la mano derecha. Al dársela, su mano rozó con la de ella… un tacto suave que le produjo un leve cosquilleo. Sin saber por qué…
_________ recibió la copa.
- Brinda conmigo ¿sí? Y perdona, por todo. – él tomo de su copa de vino y al poco tiempo ella hizo lo mismo.
Si a ella en algún momento le pareció extraño que ese tipo tan imbécil le ofreciera unas disculpas… era porque sabía que era totalmente imposible. Aquellas no habían sido unas disculpas sinceras. Y aquello lo iba a comprobar ella en algunos minutos, cuando la droga que Justin había echado en su copa hiciera efecto.
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