martes, 25 de febrero de 2014

Arma II: Capítulo 2

Los ojos de _______ merodeaban por cada centímetro de la alucinante casa de Justin Bieber. Ubicada a las afueras de la ciudad de New York, era una especie de residencia secreta que él solo ocupaba cuando se encontraba realizando alguna misión. Contaba incluso con una piscina en el patio interior, gimnasio y un garaje donde los autos de Justin y su colega Bruce, permanecían en la espera de un buen viaje.

Y era francamente alucinante… ella, nunca en su corta vida había visto una casa tan grande y lujosa como la que en ese momento tenía en sus narices. No era solamente gigantesca e imponente, sino además bastante moderna y sofisticada. Sin embargo, conservaba también algunos detalles de una moda más antigua, como una chimenea gigante y rodeada de sillones de cuero.

- Esta es nuestra pequeña casa. – Bruce miró a _____, con una sonrisa en los labios que demostraba amabilidad. Era además bastante guapo… muy guapo a decir verdad, pero sobre todo muchísimo más cordial que el rubio que venía arrastrando los pies atrás de ellos.

_______ observaba fascinada. Parecía una niña dentro de un parque de diversiones solo para mujeres. Se dedicaba a mirar, tocar, preguntar. A Justin le sorprendía la mucha paciencia que llevaba teniendo con ella desde que los tres habían llegado a la residencia.

- ¿Viven los dos solos? – ella enarcó una ceja, soltando una pequeña risita que hizo a Bruce sonreír también. Es que había algo en ella que le hacía ver tan… equivocadamente adorable.

- Sí y dedícate a pensar menos estupideces ¿está bien? – bufó Justin detrás de ellos, al mismo tiempo que soltaba la pequeña maleta que ______ había logrado armar cuando Justin aceptó el trato que ambos habían acordado. – Ahora siéntate, que estas no son vacaciones y lo que vas a hacer aquí no va a ser menos difícil que quedarte encerrada en una celda.

Bruce negó con la cabeza, mirando a ________ de soslayo, que había tomado asiento en uno de los sillones de la enorme sala de estar. No parecía atemorizada, ni avergonzada, al contrario, miraba a Justin con la quijada arriba, esperando ansiosa a que este derramara su veneno en ella. Como si le gustara escucharlo odiarla. Como si le gustara ser odiada.

- En primer lugar, esta es mi casa y la de Bruce. – Justin levantó la mirada hacia su amigo, que permanecía cruzado de brazos en una esquina. – Segundo, ahórrate cada pensamiento estúpido, si vivimos juntos es porque sale todo más barato, no porque tengamos alguna jodida relación. O si no puedes preguntárselo a las incontables mujeres que he traído aquí ¿está bien?

Ella solo se dedicó a asentir, con una sonrisa en la cara que solo jodía a Justin muchísimo más.

- Lo siguiente es lo primordial, acostúmbrate a no comentar o si quiera hablar en esta casa, a menos de que yo te lo pida. Porque si te he traído aquí es porque habrán sesiones diarias donde te haré preguntas con la finalidad de encontrar a ese hijo de puta que busco. ¿No crees que hago mucho con darte este precioso refugio? – estiró ambos brazos, haciendo que ella dirigiera la mirada a cada lugar que tenía alrededor. – Pues bien, tendrás solo una semana para hacerme saber que no me equivoqué al traerte aquí, ¿ capisci? O si no preciosa, no me costará nada regresarte con las otras de tu especie. – él dio media vuelta, continuando con su discurso. – No saldrás, ni usarás ninguno de los servicios que ves en esta residencia. Si te pido que hagas algo por mí, lo haces y punto, además de…

- ¿Seré… tu esclava? – con un lento movimiento de lengua, ella mojó sus labios, dejándolos húmedos y con un aspecto delicioso. Su mirada delataba mucho más que simple diversión.

- Uhm, ese es otro aspecto que debo tocar. Nada de tus estúpidos comentarios calientes aquí ¿sí? Sé que es lo que haces día a día, pero trata de pensar que tienes vacaciones, guapa. Además…

- ¿Le puedo mostrar ya su habitación? – una voz desde una esquina de la enorme sala se escuchó. Bruce miraba a ______, como intentando transmitirle que iba a salvarla del inmenso discurso de Justin.

- Sí, vale, lo que sea. Solo espero que lo hayas tenido claro. – con una mirada rápida de pies a cabeza, Justin pasó a caminar en dirección contraria a ella, en busca del bar que estaba a dos peldaños más arriba.

En cambio Bruce se acercó a ______ y en murmullos, Justin solo logró escuchar un “Es la última puerta de la derecha” que hizo que la muchacha se perdiera en el pasillo. Una vez solos los dos, Bruce tomó asiento en uno de los sillones, con una sonrisa en los labios. Una jodida sonrisa en los labios…

- ¿Qué? – Justin alzó ambos hombros.

- Es guapa ¿no?

- Es una puta. – contestó con frialdad.

- Pero es guapa, no lo vas a negar.

- Pero es una puta, tampoco lo vas a negar. – con aires de autosuficiencia, dejó la copa de vino a un lado y caminó en dirección contraria a Bruce. – Te la puedes tirar si quieres. – comentó Justin. – Al fin y al cabo no va a ser nada nuevo para ella. – y con una sonrisa, terminó por desaparecer camino a los jardines exteriores.

Hizo un par de llamadas. El oficial Osborn estaba en su lista. Unos varios años mayor que él, también trabaja en la misma misión de los veintiún asesinatos junto a Justin, Bruce y un par de colegas más. A decir verdad, era él el único que confiaba en Justin del todo. Pues lo demás todavía no podían entender la descabellada idea de Justin al creer en una mujer que acababa de conocer. Y la verdad es que… ni siquiera él mismo podía entenderlo.

Lo único en lo que había pensando al aceptar la decisión, era en él mismo… joder…es que podía oler el dinero de esa misión a kilómetros. Sería un pez grande si atrapaba a ese hijo de puta que buscaba. Y sentía que estaba muy cerca de hacerlo, pues tenía en sus manos a la única pieza clave que le ayudaría…

De camino al interior de la casa, volvió a servirse un poco de vino en una copa y caminó directo a su habitación. Una vez dentro de ella, tomó hasta la última gota de vino, dejó la copa tendida sobre su cama y pasó a desvestirse. Una preciosa escena que cualquier mujer pagaría por ver. Era guapísimo, además de tener una excelente figura bien trabajada. Su cuerpo era dorado, sin ninguna inscripción o tatuaje que lo hiciera ver defectuoso. ¿Cómo alguna mujer se podría resistir a ese hombre de metro ochenta y un poco más? Si solo el mismo acto de verle mojaba las bragas de muchas señoritas…

Una vez desnudo y bastante campante, balanceó su cuerpo hacia su inmenso baño personal, ubicado en una esquina de su habitación. Se despeinó con la mano y jaló la manija de la puerta. Y alguien gritó.

- ¡MIERDA! – una mujer desnuda estaba en la bañera. Miraba a Justin con la respiración agitada y cubría con sus brazos aquellas partes íntimas.

Pero ella no era la única sorprendida… o cabreada…

- ¿Qué demonios haces tú aquí, EN MI JODIDO BAÑO? – las últimas palabras que Justin soltó se vieron reflejada en gritos. Ahora mismo tenía el rostro colorado del propio enfado y los puños apretados, que cubrían su polla. Esta mierda no era de su agrado.

- Tu amigo me dijo que esta era mi habitación… - se excusó ella.

- Mierda, ¡BRUCE! – gritó un Justin encolerizado.

- ¿Puedes dejar de gritar? – le preguntó ________ desde la bañera, con una expresión de irritación en su rostro. Al mismo tiempo se veía graciosa, tenía espuma por los hombros y un poco en su cabello cogido en una cola. – Si este no es mi habitación, entonces me voy y punto. – cabreada, se puso de pie. Con la diferencia de que esta vez no cubrió nada en ella…

- Wow… ¿te puedes tapar? - le preguntó él sin ninguna intensión de que ella lo hiciera. Al contrario, sus ojos podían fijarse muy bien ese precioso tatuaje en el vientre. En ese pubis depilado. En ella. En su piel. En lo bien… que se encontraba.

- No. No quiero. – bufó ______, molesta. Se sacó la espuma del cuerpo, como si estuviera sola en aquel cuarto de baño. Cuando en realidad tenía a un hombre con muchísimas testosterona que le miraba con los ojos muy abiertos. – Pareces una niña gritando por todo. – susurró ella, sabiendo que aquel comentario solo despertaría una ira gigante en él. Lo miró de reojo, mientras salía de la bañera y buscaba su ropa sobre el váter.

- ¿Una qué? – él se quedó inmóvil en su sitio… había dejado de cubrir su entre pierna… y la mirada de ella no dudó ni un segundo en caer ahí abajo, dándole a Justin un empujoncito para que su cuerpo empezara a entrar en calor. Aquellos ojos azules le habían puesto desde un primer momento, y ahora, teniéndolos sobre su polla… solo lo hacían… Dios…

- Una niña. – repitió ella moviendo el cuello y meciendo sus senos al compas de su voz. Se veía malditamente bien en ese aspecto, mojada y chorreante. ¡Mierda!

- La única niña aquí eres tú, ¿qué nunca te desarrollaste más? – Justin la miró de pies a cabeza, riendo como un jodido idiota y burlón. – Sin embargo tienes buenas tetas.

- Lo mejor que has visto en tu vida, imbécil. – contestó ______, bastante cabreada. Puso su ropa sobre sus senos y feminidad y avanzó de frente hasta la puerta. – Ojalá y se te baje esa erección.

- Ya quisieras, guapa.

Ella volvió a darle un vistazo a esa increíble polla que tenía frente a sus ojos. Sabía que lo intimidaba cuando la miraba, porque cambiaba de postura… ligeramente nervioso.

- Míratela.

- ¿Te puedes ir? – Justin ladeó la cabeza. Irritado. Nervioso. Excitado. – Tengo que pagar para que vengan y laven mi bañera.

- Vete al infierno. – bufó ella. Jamás había estado tan cabreada nunca.

- Si yo me voy al infierno, tú vienes conmigo. – le dijo Justin, con una sonrisa irritante en los labios. _______ dio media vuelta, con el demonio a flor de piel y movió el culo fuera del cuarto de baño de Justin.

Y vaya culo… tenía un par de nalgas que provocaba tocar, tocar y tocar…

Le tomó unos minutos reaccionar y darse cuenta que le había excitado el cuerpo de una prostituta. Y sobre todo que ella tenía razón… sí tenía una buena erección ahora mismo… verla desnuda por primera vez había sido bastante fuerte, pero aquello no se asemejaría ni un poco a todo lo que terminaría sintiendo.



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- No tenía idea de que sabías cocinar. – Bruce la miraba sorprendido desde atrás, sentado sobre una de las butacas de la encimera de la cocina, mientras ________ movía las ollas y preparaba algunas cosas.

- No soy tan mala como tu amigo piensa. – dijo ella en un tono encantador. Tenía puesto una camisa de hombre que Bruce le había prestado, pues la ropa que ella tenía… era bastante sugerente debido al tipo de trabajo que tenía. Y definitivamente no quería incomodar a nadie. 

- Justin se estresa rápido. – Bruce negó con la cabeza. Mirando a ______ de espaldas y agacharse para recoger un trapo sucio. La camisa que traía puesta subió hasta los muslos, hasta el último centímetro de ellos. Y él no pudo evitar inclinarse un poco con el deseo de ver un poco más. Dios… es que ella era tan…

- Uf, sí, dímelo a mí. - _____ se volteó a mirarlo, con una sonrisa en los labios.

- Simplemente… no le prestes atención. Está muy concentrado en su trabajo, pero no es una mala persona.

- ¿Tiene novia?

La pregunta de __________ hizo que Bruce frunciera el ceño, sorprendido.

- ¿Por qué? – preguntó él con una sonrisa artificial.

- No lo sé… es que… - ____ alzó los hombros. – no puedo imaginarme a alguien soportándolo. – soltó una risita pegajosa que hizo que Bruce riera con ella. 

Y ambos rieron. A él le parecía tonta la manera en la que Justin la había juzgado sin antes conocerla. Es más, no creía en él. Le daba igual si Justin pensaba que solo se trataba de una prostituta barata. En ella había algo más que intentaba descubrir…

- ¿Has comprado comida? – una voz se escuchó desde el otro extremo de la cocina. La voz de Justin se apagó al observar a _______ moviendo una cuchara dentro de una olla. Pero no solo por eso, sino por qué ella vestía una camisa de hombre… y aquella no era suya…

- Está cocinando ella. – Bruce sonrío a Justin, pero en este no había una mínima cosa para sonreír. 

- Sí. Lo que sea. Necesito hablar contigo de trabajo. – le dijo a Bruce sin siquiera detenerse en mirar a _______. 

Bruce se apartó junto a Justin.

- ¿Qué? – preguntó Bruce con naturalidad, mirando a ______ desde lo lejos.

- Te van a pagar por resolver este caso, no por follarte a la puta. 

- Eh, no me he follado a nadie. 

- Lo que sea. Osborn quiere hablar contigo sobre un asunto importante y te quiere en la oficina en veinte. 

- Sí… vale… - respondió Bruce, alzando ambos hombros y sin quitarle la mirada a _____. – Cuídala por mí. 

- Deja de portarte como un hijo de puta caliente. – protestó Justin con desdén, y desapareció poco a poco en camino a su habitación para realizar algunas llamadas. 

No deseaba en lo absoluto observar como su amigo coqueteaba con la puta que él detestaba… le parecía ridículo. Así que insistió en desaparecer y encerrarse en su habitación hasta que Bruce volviera. 

Pero el tiempo corrió, y sucedió lo mismo con sus ganas de comer. Joder. De verdad tenía hambre. Habían pasado veinte minutos y Bruce no regresaba, y definitivamente no quería comer con la perra a solas, mucho menos después del incidente en su baño… estaba viéndose… ¿intimidado por ella? ¿Intimidado él? Por favor… ahora mismo se sentía ofendido por sentirse así de esa manera con ella. Así que salió de su habitación, encontrándose otra vez con _______ en la cocina. Pero esta vez estaba sentada sobre la encimera de la cocina. Una pierna sobre otra. Dejando ver mucha piel. Bonitas piernas. 

- ¿Qué has cocinado? – preguntó él tratando de asemejar desinterés. 

- Qué importa, seguro vas a rechazarlo.

- Deja de portarte como una engreída y dime que has preparado.

- No.

- Me irritas ¿lo sabías? No me digas nada. 

- Lo que he preparado es solo para Bruce. – dijo ella. Y sabía… que en el fondo, aquello hería a Justin muchísimo. Sin ninguna explicación. 

- Bruce es inteligente, cariño. Que tenga la polla dura por ti es muy diferente. No siente nada más que eso y solo quiere sexo. – sonrió él, muy plácido y contento.

- ¿Por qué eres tan hijo de puta?

- Me hicieron con amor.

- No lo parece. 

- Tú pareces adoptada.

- Imbécil.

- Calienta pollas.

- Cabrón.

¡Dios!

Él se detuvo.

- Vale, detente. Mira guapa, ¿por qué no mejor 
hacemos las paces?

_________ frunció el ceño. Esto hasta ella le parecía extraño…

- Vamos a vivir aquí por durante un tiempo y vas 
a tener que trabajar conmigo. – Justin se dio vuelta y caminó hacia el bar que estaba a varios pasos detrás de él. – Así que es ridículo seguir peleando ¿no crees?

Ella estuvo a punto de asentir, mientras observaba a Justin sacar un par de copas del estante y servir vino en las dos.

- Vamos a brindar. – él sonrió. Su sonrisa perfecta y blanca adormeció el enojo de ______. Sin embargo se detuvo detrás del bar unos minutos, mientras movía las manos haciendo algo que solo él sabía. 

A los pocos minutos caminó hacia ella, con la copa respectiva en la mano derecha. Al dársela, su mano rozó con la de ella… un tacto suave que le produjo un leve cosquilleo. Sin saber por qué…

_________ recibió la copa. 

- Brinda conmigo ¿sí? Y perdona, por todo. – él tomo de su copa de vino y al poco tiempo ella hizo lo mismo. 

Si a ella en algún momento le pareció extraño que ese tipo tan imbécil le ofreciera unas disculpas… era porque sabía que era totalmente imposible. Aquellas no habían sido unas disculpas sinceras. Y aquello lo iba a comprobar ella en algunos minutos, cuando la droga que Justin había echado en su copa hiciera efecto.



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martes, 18 de febrero de 2014

Arma I: Capítulo 1 (parte II)

Denominado “la casa de los demonios”, el burdel más famoso de la ciudad, había sido clausurado más de tres veces por repetidas discusiones entre diferentes clientes. Pero aquello nunca duraba demasiado, pues eran los mismos clientes quiénes reclamaban que el lugar se aperturara de nuevo.


El funcionamiento era el básico y visto en cualquier otro prostíbulo. Se basaba en llegar, pagar por una mujer y esta mujer ofrecía sus servicios dependiendo del monto que el cliente le daba. Ese, por supuesto, era el proceso básico de una prostituta barata. Ahora, hablemos de lo principal: las mujeres más caras del negocio.

Altas, delgadas y muy bien cuidadas. No se vendían por menos de mil dólares y si aceptaban ese monto, es porque simplemente habían despertado de buen humor. Además de eso, no aceptaban follar en lugares de mala muerte, sino que exigían ser llevadas a distintos hoteles carísimos de sus preferencias.

Te preguntarás… ¿Quién en todo el mundo va a pagar por una sola noche con esas mujeres? Si además de gastarte un jodido dineral por ellas, tendrías que llevarlas a lugares caros y tratarlas como las damas que no son. Y aunque es difícil de creer… veintiún hombres pagaron por las mujeres más caras de la ciudad. Y no solo el precio de un orgasmo de una noche, si no el precio de sus propias muertes.

Veintiún asesinatos han sido registrados en los últimos días. Características diferentes: Diferente lugar, diferentes armas, distintas vidas. Ningún hombre conocía al otro. Ninguno se había visto antes. Lo único que la policía de New York y el equipo de medicina forense había detectado en común entre estas veintiún víctimas, era el lugar al que habían asistido horas antes de su muerte… “la casa de los demonios”.

-

Bruce se acercó a la ventanilla del auto blindado de Justin. Este conservaba las gafas puestas, a pesar de que afuera brillaba la luna.

- ¿Puedo pasarte una mujer aquí? – le preguntó Bruce. Era el tipo de amigo divertido y alegre de toda la vida, pero que cuando de trabajo se trataba, guardaba los chistes y prefería la seriedad. Alto, delgado, perfecto físico, cabello negro y piel canela.

- Creo que hemos traído los autos suficientes como para que entren todas ahí atrás. – contestó Justin sin mirarle.

- Vamos, solo será una mujer ¿vale? No creas que yo me la estoy pasando de puta madre con prostitutas en mi auto.

- Hace un rato no decías lo mismo.

- Solo me divertía. – Bruce alzó ambos hombros y con una mirada de consuelo, se alejó de la ventanilla. No tardó en aparecer con una mujer arrastrándola del brazo.

A empujones, logró llegar a la otra puerta del auto de Justin y meter a la mujer adentro. 

- ¿Ella es? – preguntó Justin, clavando sus ojos en el parabrisas, sin ganas de mirarla a ella. Era suficiente aquella expresión como para que demostrara cuanto desprecio sentía por tener a una ramera en su precioso blindado.

- La prostituta número nueve. – anunció Bruce desde afuera.

- No me llames así, imbécil. – gritó la chica desde adentro, sacando su mano por la ventanilla y mostrando un gesto obsceno directo para Bruce.

Justin negó con la cabeza, con una sonrisa en los labios. Encendió el contacto del auto y cogió el radio.

- Soy el oficial Bieber, asegúrense de tener a sus pasajeras bien cuidadas para evitar problemas. – dijo en un tono divertido. - A la estación, cambio y fuera. – anunció y dejó el radio colgando en su lugar.

Apretó el acelerador, y a continuación solo fue el sonido de las llantas sobre la carretera lo que ambos pudieron escuchar.

- ¿Todo esto te parece gracioso? – preguntó ella. Su voz era pausada. Una mezcla entre timidez pero ferocidad. Era… sexy.

Él no quiso mirarla de nuevo.

- ¿Por qué no me miras?

- Aquí quién hace las preguntas soy yo, preciosa. – Justin levantó la voz.

- Hace un rato no te afectaba en nada mirarme…

- Joder, esto es lo malo de tener que tratar con prostitutas. Siempre están calientes.

Aquello hizo que ella abriera la boca.

- Imbécil.

- Perra. – escupió él. – Oh, espera, ¿eso te ofende?

- Lo que faltaba… que contraten a un policía hijo de puta para una misión.

- Todos somos hijos de puta, nena.

¡Idiota! Eso es lo que era… aparte de creído, era un idiota.

- Te gusté allá adentro ¿no es así?

- ¿Tú, a mí? – ella giró la cabeza, para mirarle. Y fue la primera vez que él se atrevió a mirarla de nuevo. Y sus ojos cayeron directamente a los labios de ella. Se clavaron fuerte en ese precioso color. Sí… preciosa boca, no le molestaba ponerse a pensar el buen trabajo que podía hacer con ella. – No eres más que un creído y un pedazo de gilipollas. Si alguna vez llegar a follarme, es ahí realmente donde conocerás el mundo.

Bonito carácter para comenzar. Él asintió con la cabeza, esperando que aquellas palabras empiecen a cabrearle. Pero lo único que lograron fue hacer que sus hormonas fluyan de una manera distinta. Ese carácter le ponía. Esa boca le ponía.

- ¿Follarte yo a ti? No nena… estás buena, pero prefiero las mujeres con clase.

Golpe bajo. Ella volvió a girar la mirada hacia él, que se reía en voz baja disfrutando de sus palabras hirientes. Al mismo tiempo era sexy. Malditamente sexy. Un policía creído y estúpido, rubio y fuerte… sí, era muy atractivo. Hasta incluso interesante.

- Y yo los tíos que puedan hacer maravillas en la cama.

- Uhm, sí, claro guapa.

- ¿A cuántas mujeres has hecho llegar al orgasmo?

- ¿Qué coño te importa?

- Ninguna.

- Escúchame bien perra, lo único para lo que necesito tus servicios es para acabar con esta misión cuanto antes. No necesito follarte, porque antes de que esta misión acabe, tú vas a estar rogando para que yo me ponga entre tus piernas.

Ella soltó una carcajada. Natural. Incluso el sonido de esa preciosa risa hizo que Justin volteara a mirarla. Mierda, era guapa.

- Apostaría mi cabeza, a que serás tú quién acabará así por mí. – soltó ella. Su voz ligera y sensual hicieron que la piel de Justin se erizara. Vaya efecto que tenía en él. Vaya fuerte efecto. Algo muy dentro le había hecho llenar la cabeza de miles de imágenes que no sabía de dónde venían. Como si se tratara de una jodida visión llena de lágrimas, armas, palabras… y traiciones.

- Serás creída. – escupió él, tratando de quitarse de la cabeza aquella visión que por un momento le había hecho volverse débil. – Ahora quédate callada ¿vale? Hay un largo camino a la estación y no quiero seguir oyendo tus estupideces.

- ¿Mis estupideces? Oh… - ella volvió a reír. Tenía una sonrisa tan hermosa que provocaba comérsela a besos. Y no solo esa boca, sino todo ese cuerpo que aún seguía vestido con esa preciosa lencería. – Te diré un par de estupideces. – y de un momento a otro, su actitud cambió. Ya no estaba tratando de ser divertida o hiriente. Su tono de voz delataba verdad. – Sé bien que haces aquí y porque estás trasladándonos a una estación de policías. Sé lo de los asesinatos y sobre todo… sé de quién sospechas que está detrás de todo esto.

Una vez más lo había embelesado con sus palabras hasta el punto de hacerlo empalidecer. ¿Cómo sabía tanto? Lo de los asesinatos había sido revelado en todo el país… pero nadie sabía la visita de esos hombres al prostíbulo antes de morir…

- Sé que estás buscando al culpable y que vas a interrogarnos a nosotras una por una con la finalidad de conseguir más pistas y acabar con esta misión. Y también sé que estás perdiendo el tiempo.

Él se volteó a mirarla. La luz del exterior hizo que los ojos de la chica brillaran. Eran azules. Era preciosa…

- No hay nada ni nadie en este país que pueda ayudarte a resolver este crimen. – soltó ella de improvisto. – La única persona que podría ayudarte, está sentada en el asiento copiloto de tu auto.

- Si piensas que soy tan estúpido como para creer que…

- Soy la única persona en el mundo que conoce al asesino de esas veintiún víctimas.

Justin detuvo el auto en seco. Algo dentro de él no le hizo preguntar más… solo deseaba quedarse callado… porque una parte de él… una parte pequeña él… creía en sus palabras.

- Así que tienes dos opciones. - ________ lo miró a los ojos. – Puedes ir y llevarme a esa estación, créeme que no habrá mucha diferencia entre vivir ahí que en ese burdel de mala muerte. – sus palabras iban en serio y él lo sentía ahora más que nunca. –O puedes fingir que desaparecí y llevarme contigo. – su mirada delataba dominio y odio a la vez. Había algo en ella que lucía frágil pero llena de rencor. Sabía que si la llevaba consigo, acabaría ese caso cuanto antes... y la verdad es que nada ahora le importaba más que eso. No quería medir límites ni consecuencias. Solo quería acabar el caso y necesitaba tomar una decisión, aunque aquella fuera... la peor decisión de toda su vida. - Tú decides. 





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sábado, 15 de febrero de 2014

Arma 1: Capítulo 1

Sentado alrededor de una mesa redonda, la música pasa por sus oídos, acariciando su sentido común. A sus fosas nasales llegar el olor a nicotina, cigarro barato y un orgasmo de madrugada. Le provoca nauseas, pero el trabajo es el trabajo. Prefiere estar sentado ahí entre marginales, a perderse ese caso que anuncia billetes rosas por doquier. 

Traga saliva. La música ha cambiado de un tono lento a uno más movido. Justin levanta la mirada y con el seño fruncido, hace una mueca de asco al observar a Bruce sonreírle a la prostituta que tiene sobre él. La mujer está vestida con trajes diminutos: una linda tanga y un precioso sostén de encaje. Se mueve de un lado a otro, moviendo las caderas, usando el tubo que tiene como accesorio en la mesa personal de Bruce. Mueve el culo de un lado a otro y finalmente, abierta de piernas, cae sobre las piernas del muchacho, frotando su entrepierna sobre la erección de Bruce.

Justin desvía la mirada. Ahora mismo solo le provoca mandar a la mierda toda la investigación. Parece como si fuera él el único interesado en llevar la misión acabo.

Irritado, hace un puño con la mano derecha y con la otra coge el vaso lleno de cerveza y se lo toma. Al menos el alcohol le ayudará a disminuir la frustración. Pero está irritado, tiene las mejillas coloradas y sus músculos se han contraído. Su enfado atrae a las mujeres de su alrededor, que le miran y lo desean. Es como un pez en medio de muchísimo tiburones hambrientos. Él en cambio está en medio de fieras. Sabe que ha atraído miradas, porque sabe lo malditamente bueno que está, la presencia que tiene y, por supuesto, su atractivo físico. Es un hombre de veintitrés años, fuerte, rubio, con músculos en las piernas, un gimnasio propio en su cala privada y dinero en los bolsillos.

Con desdén y sabiendo que tiene muchas miradas femeninas sobre él, sube la manga de su jersey carísimo y muestra su reloj de oro. Mira la hora, pero por supuesto eso es lo mínimo que le interesa, concentrado calcula cuanto tiempo tiene para poder terminar con la misión… pero un sonido le distrae.

La música cambia otra vez. Más movido que antes. El ambiente se agiliza. Muchos hombres se han puesto de pie y comienzan a silbar en dirección a una mesa que también tiene un tubo de pole dance incluido. Y entonces la ve…

El cabello le cubre la cara, pero se mueve rápido y se deja caer sobre el suelo, arrastrándose hasta llegar al tubo, que la espera con ansias. Es delgada, pero tiene un culo espectacular, que lo mueve de arriba hacia abajo lentamente, pegándolo al duro metal de aquel tubo. Estando sobre el suelo, coloca ambos brazos hacia arriba, cogiéndose y empezando a mecerse. A jugar. A jugar sucio. Y entonces empieza a bailar alrededor de la mesa, pasando sus propios dedos por entre su cuerpo. Es… no hay otra palabra que pueda describirla mejor: es deliciosa.

- Trescientos dólares. – un hombre levanta la mano. Está borracho y tira el dinero por los aires. – Ven baila sobre esta polla, preciosa. – dice alzando la voz, pero la chica continúa bailando en el tubo, sabiendo que pronto llegarían ofertas mejores.

- ¡Quinientos dólares!

Es un rubio esta vez. Un ligero aire de enfado se pasea por el cuerpo de Justin. Joder, ¿quinientos dólares por una puta?

- Te doy mil, muñeca. – le susurra un tipo que está cerca a ella. La chica se detiene y lo piensa. Mil dólares está bastante bien por esa noche… así que con mucha elegancia, mueve el culo hacia donde está el tipo que acaba de ofrecerle el dinero.

Y sin saber cómo o por qué… alguien grita en medio del lugar, ofreciendo el triple.

- ¡Tres mil dólares! – grita Justin al fondo. Ni siquiera él mismo puede creer que haya levantado la mano y haya ofrecido dinero por esa mujer. Siente la mirada de todos sus compañeros y de Bruce, mirarle sonriente con una expresión de: Fóllatela, y luego resolvemos el caso.

La chica lo mira. La mirada de las demás mujeres se ha centrado en ella. Es la primera vez que alguien ofrece una cantidad tan grande por acostarse con ella y es muy seguro que nadie ofrecerá algo mejor. Así que no se lo piensa más y baja del pequeño escenario, moviendo las caderas y arreglándose el sostén de encaje.

Justin presta atención en ella. Tiene unos senos preciosos y un ombligo que le provoca lamer. Camina hacia él con unos tacos altos y en punta que hace resonar en todo el lugar. El cabello le da hasta la cintura y ella es pequeña, porque hasta con esos tacones lo es. De un momento a otro él ha olvidado la necesidad de quejarse, al saber que se trata de una prostituta, si no que ha empezado a notar lo verdaderamente guapa que es. A empezado a fijarse en esos ojos azules, en esa boca roja, en ese cuello largo y listo para su boca.

La chica sube a la mesa personal de Justin, y él, sentado ahí abajo, se siente… por primera vez en toda su vida, inferior, pequeño, un ser inservible. Sus ojos marrones la miran con anhelo, esperando a que empiece a bailar para él. Es una diosa, una musa parada frente a él que lo mira sin expresión alguna, como si no sintiera, como si jamás sintiera. El primer roce de miradas hace que el miembro de Justin cobre vida.

La música empieza, y _______ se balancea suavemente de izquierda a derecha, rozando sus preciosas nalgas sobre el tubo. La mirada de Justin se pierde entre su piel, entre la lujuria que ahora mismo no le permite pensar. La imagen le llena de pensamientos sucios. __________ se mueve, sube, baja, se toca, se frota las manos sobre su propio sexo, besa sus propios senos, y su mirada le persigue a donde sea que vaya. Sus ojos azules delatan sexo. Sexo. Sexo… y en él ya no cabe una idea que no sea follarla. Ahí. Ahora. En ese jodido burdel de cuarta y que todos vean lo bien que ha gastado esos tres mil dólares.

Con una sonrisa perversa, llena de labial rojo y algunas mordidas, ___________ se acerca a Justin gateando. El cabello cubre la mitad de su rostro, pero es suficiente para que él pueda excitarse todavía más.

- Quiero ir a un hotel caro. – susurra ella, cerca del oído de Justin. El miembro de este está erecto. Siente su calor bajo su cuerpo y le provoca coger su cintura y ponerla a ella sobre su erección. – No hago el amor en cualquier lugar. – advierte ella, con una sonrisa malvada.

Justin ladea la cabeza. Algo dentro de él le ha inducido a mirarle la boca. A concentrarse en esos labios rojos que le provoca… follar…

En medio de aquella interacción, el reloj de mano de Justin suelta un pequeño sonido. La música se apaga. __________ voltea a mirar a su alrededor. Y de pronto todo ha cambiado. Hay en cambio diez hombres con armas de fuego alrededor del lugar y varias sirenas policiales se escuchan desde afuera. El pánico la invade, e intenta correr, pero tiene unas fuertes manos cogiéndole el brazo derecho.

- ¿Qué coño está pasa…

- ¿Quieres saber a dónde te voy a llevar, preciosa? – le pregunta ahora un Justin sarcástico y superior a ella. _______ lo mira boquiabierto, su corazón está a punto de salírsele y solo le provoca gritar. El tiempo en el que a ella le toma reaccionar, es el mismo que a él le toma sacar una placa metálica del bolsillo de su pantalón. – A ver si lo adivinas… - y no solo una placa metálica, sino un par de esposas... – Estás arrestada. 





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¡Bienvenidaaaaaaaaaaaaaaaaas! bueno, me presento para quiénes no me conocen ñ_ñ. Soy Susana, tengo 16 años y vivo en Perú. Hace poco escribí un fanfic llamado Tentation aquí en la página y.. bueno, quise hacer otra novela ahora, con una temática bastante distinta y con personajes diferentes. Muchas gracias y espero que les guste :') 

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jueves, 6 de febrero de 2014

21 asesinatos.
21 formas de morir diferentes a las anteriores. 
21 sospechosos.
Solo una cosa en común