-
¿Y
por eso gritabas mi nombre? - ________ ladeó la cabeza, pasándose la mano
izquierda por la boca con furia. Con desagrado.
- Estabas drogada, ni
siquiera sabes lo que escuchaste.
- Oh querido, el
efecto de la droga se me pasó cuando me pusiste sobre esa cama. No soy
estúpida, ¿Qué vas a decirme ahora, eh? ¿Qué escuché mal cuando grit…
- Cállate. – una
mirada dura hizo que el cuerpo de ________ se enfriara. – No te atrevas a
decirlo.
- Gritabas
mi nombre. Gri-ta… -
La voz de ______ se apagó al sentir el
impacto del cuerpo de Justin sobre el suyo y la pared fría detrás. Se quedó sin
respiración por un segundo.
-
Ni
un millón de años ¿vale? Estabas muy afectada y has escuchado una completa
estupidez.
- ¿Te masturbas con
cada invitada que traes? - _______ ladeó la cabeza.
- Tú no tienes esa
suerte.
- No dijiste nada
cuando froté mis manos ahí abajo. – se mordió un labio, bajando la mirada
suavemente. Justin tensó la mandíbula.
- Estaba caliente. Es
todo.
- ¿Caliente por mí?
- No me hagas decir
algo ofensivo, porque ya sabes lo que siento por las prostitutas.
- ¿Te gusto, no?
- Para que tú llegues
a gustarme, tienen que pasar muchas cosas en este mundo. Como que tú vuelvas a
ser virgen, por ejemplo.
- ¿…Sí? – preguntó
ella, con una sonrisa pequeña en los labios, que hizo que Justin clavara la
mirada en su boca. Los centímetros eran tan escasos. Y mirarse de esa manera
los hacía desear volver a besarse… aún más cuando Justin observó la mordida que
él le había proporcionado hace unos minutos. Joder… deseaba tanto volver a
hacerlo.
- Sí… - susurró él,
sin mucha concentración. Más bien la miraba. Más bien estaba perdido entre su
boca.
- Debes saber que lo
que ha sucedido hoy es una agresión.
- ¿Tú no te cansas de
decir tonterías?
- Irás a la cárcel.
- Te mordí la boca,
nena. Sería una agresión si tus bragas no estuvieran mojadas ahora. – mirándole
la mordedura por última vez, Justin giró en su sitio. Dándole la espalda y
caminando en dirección opuesta a ella. – Ahora, si fueras tan amable de ponerte
un poco de ropa decente sería genial. Bruce no tarda en llegar para
interrogarte. Porque para eso estás aquí ¿lo sabes?
-
No
para que te toques diciendo mi nombre… -
susurró ella, pasando por su lado y moviendo las caderas de un lado para otro.
Tan guapa. Tan natural. Él no pudo evitar quedarse mirándola. Había en algo que
le parecía estúpidamente atractivo. Quizá era su actitud. Nunca parecía
rendirse cuando peleaba con él. - ¿Te vas? Voy a cambiarme.
Justin quiso responder… pero en su mente,
quizá por primera vez, no había un comentario ofensivo ni mejor que pudiera
contestarle. Así que sin pensarlo mucho, salió de la habitación de _____.
Bruce y el oficial Osborn llegaron después
de unos diez minutos, y Justin agradecía muy en el fondo que aquello haya sido
así. Estuvieron un tiempo discutiendo sobre las preguntas que _______ recibiría
el día de hoy. Pues habrían diferentes sesiones cada día, para conocer un poco
más sobre el mayor sospechoso de los veintiún asesinatos. Y sobre todo… el
paradero de esto.
Sentaron a _________ sobre una silla, en
medio del comedor. Bruce daba vueltas por el salón, mirándola de vez en cuando,
mientras Osborn, con un par de lentes puestos, revisaba las preguntas y
tecleaba en su portátil. Justin era quien estaba frente a ________. Ella tenía
que admitir que cuando de faena se trataba, él era distinto. Ni juguetón, ni
bromista, ni divertido. Era un tipo frío, atento. Un jodido tigre su trabajo.
-
Bien
_____. Voy a pedirte algunas cosas antes de empezar con el interrogatorio, es solo
para completar una ficha. Tu nombre completo, por favor. – pidió Osborn desde
su sitio. ______ le dictó los dos nombres y ambos apellidos. Osborn tecleó en
el portátil. - ¿Cuántos años tienes?
-
Veintiuno.
Bruce soltó una risa divertida.
-
Que
bonita coincidencia. – comentó burlón.
- Lugar y fecha de
nacimiento. Estado civil. – dictó Osborn.
-
New
York, 12 de Enero de 1993. Soltera. – respondió ______ en voz alta.
Osborn tardó unos minutos en transferir la
información.
-
Bueno.
Ahora Justin será quién te hará unas preguntas. No es necesario decirte que
necesitamos que des toda la información correcta y verdadera sobre lo que te
pediremos. Necesitamos tu ayuda _______. Estás aquí por eso. – la voz
envejecida de Osborn hizo que ella tragara saliva.
Miró a Justin de reojo, él parecía
concentrado leyendo algunos folios que tenía en la mano, y ni siquiera le
prestaba atención. Sin embargo no sabía por qué estaba tan nerviosa.
-
Todo
será gravado, a partir de ahora. – una video cámara sobre un trípode adornaba
la esquina del comedor. Una luz roja se encendió en ella cuando Osborn apretó
un botón desde un control que tenía en la mano. – Empecemos. – dictó.
Justin se posicionó correctamente.
-
Douglas
García. Traficante de mujeres desde los diecisiete años. Ha tenido antecedentes
penales desde los doce, ha robado tres autos, dos motos y una tienda de armas
de fuego importante. – leyó Justin, con el folio en sus manos. – Adicto al
dinero y la heroína. Creó su primera red de mujeres cuando tenía veinte años y
la ha mantenido hasta el día de hoy. Ha sido arrestado varias veces por intento
de violación y violencia contra sus trabajadoras. Cuarenta y ocho años. Calvo.
Delgado. Alto y envejecido. – se aclaró la garganta y cerró el folio, dejándolo
sobre la mesa del comedor. Se acercó un poco a ________. – Quiero que hables
fuerte y claro cuando vayas a responder ¿entendido?
Ella asintió.
-
Muy
bien Brooks, ¿cómo conociste a este tipo?
_______ dio una mirada de reojo a la video
cámara que tenía puesta en un ángulo opuesto a ella. Soltó un respiro y habló.
-
Tenía
dieciocho. Perdí a mis padres en un jodido incendio, así que el dinero dejó de
alcanzarme. Douglas era dueño de un bar en el condado de New York en donde yo
vivía y…
- ¿Qué condado? –
intervino Justin.
- Manhattan. –
respondió _____, con la mirada clavada en el suelo. – Cuando hablé con Douglas,
él me aseguró un trabajo seguro y bastante discreto. Se acoplaba a mi horario
de estudios y lo vi como una opción segura para ganar dinero, que era lo que en
ese momento me interesaba. Así que pensé… ¿por qué no? Puedo hacerlo, y solo se
tratará de atender a muchos hombres ebrios. Pero días más tarde, el trato
cambió…
- ¿Qué sucedió?
- Hizo que…
- ¿Qué? – preguntó
Justin en voz alta.
- Que tuviera sexo
con un cliente del bar. - _______ tragó saliva. Las jodidas escenas invadían su
mente y le apuñalaban fuerte. Clavó su mirada en sus manos, para evitar
avergonzarse más. – Desde ese momento empezó a comentarme sobre los locales de
mujeres que tenía en Manhattan…
- ¿Cuántos?
- Tres. Dos han sido
cerrados.
- ¿Tienes más en
otros países?
- Uno en Inglaterra.
Probablemente el más grande.
- ¿Qué ciudad
exactamente?
-
Londres.
Justin giró la mirada hacia Osborn y Bruce,
como si acabaran de dar en el meollo de algo.
-
¿Alguna
vez viste alguna actitud extraña en él? ¿alguna manía? ¿algún miedo?
- Le gustaba
encerrarnos a todas… sus… “trabajadoras” en una misma habitación y que
bailáramos para él, mientras se drogaba.
- Joder… - murmuró
Bruce, asqueado.
- ¿Miedo? – prosiguió
Justin.
- Él no le tiene
miedo a nada. – comentó ella, con un punto de frío en su voz.
- ¿Tenía algún
enemigo?
- Muchísimos.
- ¿Alguien a quién
mencionaba siempre?
- Es que él
era…Joder, él era el demonio. Nunca hubo nadie que se negara a alguna orden
suya. Porque su palabra era una promesa que al final del día terminaba
doliéndote mucho.
-
Tiene
que haber algo Brooks, vamos, trata de recordar.
________ tragó saliva.
-
Douglas
siempre… recordaba mucho a su madre. - _____ guardó silencio por unos minutos,
mientras su cabeza acoplaba miles de imágenes. Recuerdos que deseaba tanto
borrar. – Tuvo un pasado muy duro con ella.
- ¿Qué era ella? –
intervino Justin.
-
Era…
prostituta.
Todos guardaron silencio, y las miradas
cómplices de Justin, Bruce y Osborn ya explicaban muchas cosas.
-
¿Su
madre está viva?
- Murió por
sobredosis. Realmente… Douglas solo hablaba de ella conmigo, y cuando lo hacía es porque estaba muy
borracho.
- ¿Eras su confidente
o algo así? – aquella pregunta no estaba entre las planteadas. Justin solo la
había hecho porque… dentro de él la curiosidad le había exigido hacerla.
- Un hombre siempre
necesita compañía de una mujer.
-
¿Tuvieron
sexo alguna vez?
Aquella pregunta tampoco había sido
planteada…
-
Concéntrate.
– ordenó Osborn desde su portátil.
Justin tragó saliva, manteniendo la
compostura.
-
Háblame
de la madre de Douglas García.
- No sé mucho de
ella… - respondió ____, con sinceridad.
-
Tienes
que haber escuchado mucho más de lo que nosotros necesitamos saber, Brooks.
Ella se mordió un labio, intentando
recordar alguna conversación perdida…
-
Ella…
- _____ titubeó por un momento. – Uhm… solo tenía relaciones sexuales con
hombres importantes. Banqueros. Empresarios. Abogados.
“Te tenemos” se escuchó desde atrás la voz
de Bruce.
-
Puedo
apostar a que fueron veintiuno. – comentó Justin, con una sonrisa victoriosa en
los labios. – Ahora Brooks, si tú fueras la rata, ¿Dónde te esconderías? –
Justin ladeó la cabeza, mirando si querer aquella mordedura de labio que
________ tenía. Ella intentó con todas sus fuerzas concentrarse.
-
Él
probablemente sabe que esto está sucediendo ahora. A pesar de todo, es un
hombre inteligente. – ella guardó silencio. – tenía una casa en Alaska. Nadie,
además de mí, sabía de ella.
Bastó aquella frase, para que el oficial
Osborn se pusiera de pie y empezara a hablar por el móvil. Tenían registrados
todas las propiedas de Douglas en su archivo, solo bastaba un orden para
tenerlo tras las rejas. “Soy el oficial Thomas Osborn reportándose, necesitamos
cinco patrullas policiales interviniendo en la propiedad de Douglas García,
ubicada en Alaska…”
-
Buen
trabajo, Brooks. – Bruce se acercó a ______, dándole unos golpecitos en el
hombro. Justin evitó observar eso, desviando la mirada como si nunca hubiese
visto nada.
-
Parece
que te tendremos aquí por menos tiempo. – comentó después de que Bruce se había
ido. – Mejor para mí.
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