No entendía del todo porque dentro de él
nacía aquel sentimiento tan bizarro. Vale… ella no era de su agrado, pero jamás
había utilizado aquel narcótico con nadie. Ni siquiera con algún criminal. Y
ella por supuesto que no lo era. Al contrario, ahora mismo parecía una niña
balanceándose de un lado a otro, con los ojos cerrados y tarareando una
canción. La dulzura le brotaba por los poros. Era preciosa. Muy… muy hermosa.
Tan inocente y… drogada.
-
Ya
cállate ¿Sí? – le pidió Justin por décima vez. Hace unos minutos había
disfrutado mucho de su plan macabro por hacerla callar. Pero ahora mismo
detestaba el hecho de que se comportara como una niña inocente. – Qué coño
hice… - se preguntó.
_______ dio una vuelta en su sitio,
gritando el coro de una canción.
-
_________,
Dios, basta. – ordenó un Justin enfurecido.
- ¿Quién es ______? –
preguntó ella, en tono burlón y
frunciendo el ceño.
-
Dios,
no te comportes como una inútil ¿vale? Tampoco es debías quedar tan mal…
Ella soltó una carcajada sin motivo. Se
reía de él. De ella. De su efecto. De la droga. De los muchos “Justins” que
veía a su alrededor… y de pronto, se desplomó sobre el suelo.
Justin abrió los ojos como platos y puso
ambas manos sobre su cabeza.
-
Brooks,
párate ahora mismo. – volvió a ordenar, esta vez con los nervios a flor de
piel. Por un momento se imaginó en una celda por haber drogado a una
prostituta. – Deja de jugar ¿sí?
- Auch… - gimió ella
sobre el suelo. La caída había hecho que su cabello cubriera todo su rostro. Y
que aquella camisa de hombre se subiera más… y enseñara esas bonitas piernas
color canela.
-
Párate
– le ordenó Justin, mirándola desde arriba. Sentía esta vez algo dentro de él
que jamás había sentido por alguien: culpabilidad. – Párate, Brooks.
___________ soltó una risa burlona.
-
¿Párate?
– ella ladeó la cabeza, mirándolo con el cabello en la cara. Justin tardó un
poco en entender el sentido de esa palabra… - A mí no se me tiene que parar
nada… - ________ volvió a reír en voz alta, cubriéndose la boca al mismo tiempo.
Y Dios… su sonrisa era tan pegajosa…
-
Mierda
_______, no tengo tiempo para bromas. – bufó Justin, molesto y empezando a
desesperarse. Lo peor que podía pasar en ese momento era que Bruce y el oficial
Osborn entraran por la puerta principal y encontraran el precioso escándalo que
Justin había provocado. Así que solo podía hacer una cosa… tenía que cargarla y
llevarla a su habitación, tranquilizarla… y todo eso implicaba…¿tocarla?
Mirándola desde su ángulo, sus ganas
empezaban a fluir. Era una mujer guapísima, ¿por qué sentía tanta repulsión por
ella? No lo entendía… no sabía por qué desde un principio había intentado con
todas sus fuerzas alejarse de ella, no tener ningún contacto, aislarla… como si
se tratara de una jodida plaga. Como si se tratara de algo que él solo
prevenía, para evitar daño. Para evitarlo… para evitarlo todo.
Ahora debía dejar todas esas sensaciones a
un lado y llevarla consigo.
Y así lo hizo.
Justin se arrodilló a su lado y un olor a perfume le invadió las fosas
nasales, atrayéndolo todavía más al cuerpo de __________. Le susurró un par de
cosas, y ella solo gimió en respuesta.
Sus manos se metieron por debajo de las piernas de ella y tocó sus muslos
suavemente. Como si quisiera aprovecharse de cada segundo que la tocaba. Tragó
saliva. Su piel se había erizado. Desde un principio sintió esa sensación tan
malditamente extraña.
Tensando los músculos, se puso de pie,
ahora con ella en los brazos. La camiseta se subió completamente hasta el sexy
ombligo de ________. Y su ropa interior quedó al descubierto. Una sonrisa
invadió los labios de Justin al recordar el incidente en su baño… Dios, tenía
un bonito pubis. No podía negar que por un momento, al tenerla tan cerca y de
esa manera, muchos pensamientos sucios habían invadido su cabeza. Y ahora mismo
no era la excepción.
De camino a la habitación de _______, el
miembro de Justin se había endurecido muchísimo. Dejó a ______ tendida sobre su
cama y esta le había dado la espalda, por lo tanto era ahora su culo lo que
adornaba las sábanas. Sus nalgas tenían una simetría perfecta. Le provocaba
mordérselas. Deseaba tanto poder hacerlo. Y también hacer travesuras malvadas
en ese precioso culo…
Al bajar la mirada, un bulto grande
adornaba sus pantalones. Coño, estaba tan erecto, tan cachondo. Pensó incluso
en Bruce, ahora entendía por qué lo había encendido tanto y por qué hasta
pensaba en la posibilidad de follarla. Y él… ¿también estaba pensando eso?
¿También quería follarla? Dios… claro que quería. Esa chica derrochaba sexo
hasta cuando dormía. Era malditamente caliente. Su piel. Su mirada. Sus
movimientos. ¿Por qué lo negaba? Necesitaba con todas sus ganas un precioso
polvo con ella… uno de los buenos. Montarla sobre su polla y hacerla bailar y
gritar de pura satisfacción. Sentir su apretón. Su coño envolviendo su pene.
Dios… sí, sí… sí…
Con los ojos envueltos en pura lujuria, dio
un paso hacia atrás y bajó sus pantalones y el bóxer al mismo tiempo. Cogió su
miembro erecto con la mano izquierda y con una mordida en el labio inferior,
empezó a mover su mano de arriba hacia abajo. Frotando con ganas. Un gemido
grave adornó el ambiente. Estaba tan tenso. Las venas en su brazo izquierdo
hablaban por él.
Necesitaba de aquel “reláx” que lo hiciera bajar esa
calentura. Así que masajeó, de arriba hacia abajo, chocando con el glande de
vez en cuando. Rápido. Esta vez muy rápido. Sentía su miembro moverse en su
mano y endurecerse cada vez más. La sensación era perfecta. Oh Dios…
________... Sí, era ella precisamente en quién pensaba en ese momento. En _______.
En que era su boca quién lo succionaba con tanta fuerza. Que lo chupaba. Duro.
Durísimo… abrió bien la boca y cerró los ojos, haciendo la cabeza para atrás.
Hizo una “o” perfecta con los labios y gimió despacio.
-
Sigue…
- gimió Justin entre la oscuridad. Su mano izquierda se movía rápido formando
su músculo. La sensación lo dominaba y podía sentir dentro de él como su
liberación empezaba a florecer. - ______ joder… Más, más… - gimió envuelto en
lujuria. Abrió los ojos de inmediato cuando en vez de sentir sus propias manos
sobre su miembro, sintió un par de manos pequeñas enrollarse entre su polla.
Tenía una silueta mediana frente a él, que le miraba con los ojos azules muy
abiertos.
Justin entreabrió la boca. Muchísimas
sensaciones se abrieron a él. Estaba enojado, avergonzado, confundido,
excitado. Verla frente a él solo demostraba que el efecto de esa droga efímera
había terminado. Y que tenía ahí, enfrente de él, a la prostituta que tanto
odiaba y por la cual… se estaba masturbando.
¿Y por qué ella no le estaba reclamando
aquel acto? ¿por qué no lo estaba mirando desde su cama y riéndose de él? ¿por
qué lo miraba de esa manera? Y por qué… ¿por qué estaba tan cerca?
________ masajeó suavemente el miembro de
Justin. No era como lo que Justin había practicado a su polla hace un rato,
sino más bien como una caricia. Como si estuviera tratando de hacerle entender
que todo estaba bien. Pero él parecía enojado. A pesar de la oscuridad de la
noche, su rostro se había vuelto colorado. Era capaz de tumbarla sobre esa cama
y reclamarle sin ninguna razón alguna. Era capaz de perder los papeles. Pero
ella era tan hermosa… solo lo miraba. Sus ojos azules lo adormecían.
Entonces Justin quiso hablar… pero la mano
derecha de _______ subió hasta su oreja. Él quiso de inmediato zafarse de aquel
acto, pero sus fuerzas se debilitaron por completo, cuando unos labios
deliciosos aterrizaron sobre los suyos. Se quedó con los ojos abiertos,
observando como _______ movía su boca sobre la suya. Como lo besaba con tanto
deseo. Como mordía su labio inferior con sus dientes. Y entonces fue demasiado
tarde como echarse para atrás. Las manos de Justin se enredaron en la cadera de
______ y más que un simple beso, empezó a comérsela desesperadamente. Como si
un pedacito de sus labios fueran lo que a él le proporcionaba respiración.
Estaba besándola tan duro que hasta él mismo podía sentir el dolor.
Mordió. Y mordió. Y el sabor metálico de
la sangre de ______ invadió el beso. Ella se detuvo. Su labio inferior empezaba
a sangrar notoriamente… y al subir la mirada hacia él, pudo comprobar que…
había sido apropósito.
-
Eso
era para que sepas que… - bufó Justin, subiéndose los pantalones. – No me
gustan las putas.
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