viernes, 7 de marzo de 2014

Arma IV: Capítulo 4

-      ¿Y por eso gritabas mi nombre? - ________ ladeó la cabeza, pasándose la mano izquierda por la boca con furia. Con desagrado.

-      Estabas drogada, ni siquiera sabes lo que escuchaste.

-      Oh querido, el efecto de la droga se me pasó cuando me pusiste sobre esa cama. No soy estúpida, ¿Qué vas a decirme ahora, eh? ¿Qué escuché mal cuando grit…

-      Cállate. – una mirada dura hizo que el cuerpo de ________ se enfriara. – No te atrevas a decirlo.

-      Gritabas mi nombre. Gri-ta… -

La voz de ______ se apagó al sentir el impacto del cuerpo de Justin sobre el suyo y la pared fría detrás. Se quedó sin respiración por un segundo.

-      Ni un millón de años ¿vale? Estabas muy afectada y has escuchado una completa estupidez.

-      ¿Te masturbas con cada invitada que traes? - _______ ladeó la cabeza.

-      Tú no tienes esa suerte.

-      No dijiste nada cuando froté mis manos ahí abajo. – se mordió un labio, bajando la mirada suavemente. Justin tensó la mandíbula.

-      Estaba caliente. Es todo.

-      ¿Caliente por mí?

-      No me hagas decir algo ofensivo, porque ya sabes lo que siento por las prostitutas.

-      ¿Te gusto, no?

-      Para que tú llegues a gustarme, tienen que pasar muchas cosas en este mundo. Como que tú vuelvas a ser virgen, por ejemplo.

-      ¿…Sí? – preguntó ella, con una sonrisa pequeña en los labios, que hizo que Justin clavara la mirada en su boca. Los centímetros eran tan escasos. Y mirarse de esa manera los hacía desear volver a besarse… aún más cuando Justin observó la mordida que él le había proporcionado hace unos minutos. Joder… deseaba tanto volver a hacerlo.

-      Sí… - susurró él, sin mucha concentración. Más bien la miraba. Más bien estaba perdido entre su boca.

-      Debes saber que lo que ha sucedido hoy es una agresión.

-      ¿Tú no te cansas de decir  tonterías?

-      Irás a la cárcel.

-      Te mordí la boca, nena. Sería una agresión si tus bragas no estuvieran mojadas ahora. – mirándole la mordedura por última vez, Justin giró en su sitio. Dándole la espalda y caminando en dirección opuesta a ella. – Ahora, si fueras tan amable de ponerte un poco de ropa decente sería genial. Bruce no tarda en llegar para interrogarte. Porque para eso estás aquí ¿lo sabes?

-      No para que te  toques diciendo mi nombre… - susurró ella, pasando por su lado y moviendo las caderas de un lado para otro. Tan guapa. Tan natural. Él no pudo evitar quedarse mirándola. Había en algo que le parecía estúpidamente atractivo. Quizá era su actitud. Nunca parecía rendirse cuando peleaba con él. - ¿Te vas? Voy a cambiarme.

Justin quiso responder… pero en su mente, quizá por primera vez, no había un comentario ofensivo ni mejor que pudiera contestarle. Así que sin pensarlo mucho, salió de la habitación de _____.

Bruce y el oficial Osborn llegaron después de unos diez minutos, y Justin agradecía muy en el fondo que aquello haya sido así. Estuvieron un tiempo discutiendo sobre las preguntas que _______ recibiría el día de hoy. Pues habrían diferentes sesiones cada día, para conocer un poco más sobre el mayor sospechoso de los veintiún asesinatos. Y sobre todo… el paradero de esto.

Sentaron a _________ sobre una silla, en medio del comedor. Bruce daba vueltas por el salón, mirándola de vez en cuando, mientras Osborn, con un par de lentes puestos, revisaba las preguntas y tecleaba en su portátil. Justin era quien estaba frente a ________. Ella tenía que admitir que cuando de faena se trataba, él era distinto. Ni juguetón, ni bromista, ni divertido. Era un tipo frío, atento. Un jodido tigre su trabajo.

-      Bien _____. Voy a pedirte algunas cosas antes de empezar con el interrogatorio, es solo para completar una ficha. Tu nombre completo, por favor. – pidió Osborn desde su sitio. ______ le dictó los dos nombres y ambos apellidos. Osborn tecleó en el portátil. - ¿Cuántos años tienes?

-      Veintiuno.

Bruce soltó una risa divertida.

-      Que bonita coincidencia. – comentó burlón.

-      Lugar y fecha de nacimiento. Estado civil. – dictó Osborn.

-      New York, 12 de Enero de 1993. Soltera. – respondió ______ en voz alta.

Osborn tardó unos minutos en transferir la información.

-      Bueno. Ahora Justin será quién te hará unas preguntas. No es necesario decirte que necesitamos que des toda la información correcta y verdadera sobre lo que te pediremos. Necesitamos tu ayuda _______. Estás aquí por eso. – la voz envejecida de Osborn hizo que ella tragara saliva.
Miró a Justin de reojo, él parecía concentrado leyendo algunos folios que tenía en la mano, y ni siquiera le prestaba atención. Sin embargo no sabía por qué estaba tan nerviosa.

-      Todo será gravado, a partir de ahora. – una video cámara sobre un trípode adornaba la esquina del comedor. Una luz roja se encendió en ella cuando Osborn apretó un botón desde un control que tenía en la mano. – Empecemos. – dictó.

Justin se posicionó correctamente.

-      Douglas García. Traficante de mujeres desde los diecisiete años. Ha tenido antecedentes penales desde los doce, ha robado tres autos, dos motos y una tienda de armas de fuego importante. – leyó Justin, con el folio en sus manos. – Adicto al dinero y la heroína. Creó su primera red de mujeres cuando tenía veinte años y la ha mantenido hasta el día de hoy. Ha sido arrestado varias veces por intento de violación y violencia contra sus trabajadoras. Cuarenta y ocho años. Calvo. Delgado. Alto y envejecido. – se aclaró la garganta y cerró el folio, dejándolo sobre la mesa del comedor. Se acercó un poco a ________. – Quiero que hables fuerte y claro cuando vayas a responder ¿entendido?

Ella asintió.

-      Muy bien Brooks, ¿cómo conociste a este tipo?

_______ dio una mirada de reojo a la video cámara que tenía puesta en un ángulo opuesto a ella. Soltó un respiro y habló.

-      Tenía dieciocho. Perdí a mis padres en un jodido incendio, así que el dinero dejó de alcanzarme. Douglas era dueño de un bar en el condado de New York en donde yo vivía y…

-      ¿Qué condado? – intervino Justin.

-      Manhattan. – respondió _____, con la mirada clavada en el suelo. – Cuando hablé con Douglas, él me aseguró un trabajo seguro y bastante discreto. Se acoplaba a mi horario de estudios y lo vi como una opción segura para ganar dinero, que era lo que en ese momento me interesaba. Así que pensé… ¿por qué no? Puedo hacerlo, y solo se tratará de atender a muchos hombres ebrios. Pero días más tarde, el trato cambió…

-      ¿Qué sucedió?

-      Hizo que…

-      ¿Qué? – preguntó Justin en voz alta.

-      Que tuviera sexo con un cliente del bar. - _______ tragó saliva. Las jodidas escenas invadían su mente y le apuñalaban fuerte. Clavó su mirada en sus manos, para evitar avergonzarse más. – Desde ese momento empezó a comentarme sobre los locales de mujeres que tenía en Manhattan…

-      ¿Cuántos?

-      Tres. Dos han sido cerrados.

-      ¿Tienes más en otros países?

-      Uno en Inglaterra. Probablemente el más grande.

-      ¿Qué ciudad exactamente?

-      Londres.

Justin giró la mirada hacia Osborn y Bruce, como si acabaran de dar en el meollo de algo.

-      ¿Alguna vez viste alguna actitud extraña en él? ¿alguna manía? ¿algún miedo?

-      Le gustaba encerrarnos a todas… sus… “trabajadoras” en una misma habitación y que bailáramos para él, mientras se drogaba.

-      Joder… - murmuró Bruce, asqueado.

-      ¿Miedo? – prosiguió Justin.

-      Él no le tiene miedo a nada. – comentó ella, con un punto de frío en su voz.

-      ¿Tenía algún enemigo?

-      Muchísimos.

-      ¿Alguien a quién mencionaba siempre?

-      Es que él era…Joder, él era el demonio. Nunca hubo nadie que se negara a alguna orden suya. Porque su palabra era una promesa que al final del día terminaba doliéndote mucho.
-      Tiene que haber algo Brooks, vamos, trata de recordar.

________ tragó saliva.

-      Douglas siempre… recordaba mucho a su madre. - _____ guardó silencio por unos minutos, mientras su cabeza acoplaba miles de imágenes. Recuerdos que deseaba tanto borrar. – Tuvo un pasado muy duro con ella.

-      ¿Qué era ella? – intervino Justin.

-      Era… prostituta.

Todos guardaron silencio, y las miradas cómplices de Justin, Bruce y Osborn ya explicaban muchas cosas.

-      ¿Su madre está viva?

-      Murió por sobredosis. Realmente… Douglas solo hablaba de ella conmigo, y  cuando lo hacía es porque estaba muy borracho.

-      ¿Eras su confidente o algo así? – aquella pregunta no estaba entre las planteadas. Justin solo la había hecho porque… dentro de él la curiosidad le había exigido hacerla.

-      Un hombre siempre necesita compañía de una mujer.

-      ¿Tuvieron sexo alguna vez?

Aquella pregunta tampoco había sido planteada…

-      Concéntrate. – ordenó Osborn desde su portátil.

Justin tragó saliva, manteniendo la compostura.

-      Háblame de la madre de Douglas García.

-      No sé mucho de ella… - respondió ____, con sinceridad.

-      Tienes que haber escuchado mucho más de lo que nosotros necesitamos saber, Brooks.
Ella se mordió un labio, intentando recordar alguna conversación perdida…

-      Ella… - _____ titubeó por un momento. – Uhm… solo tenía relaciones sexuales con hombres importantes. Banqueros. Empresarios. Abogados.

“Te tenemos” se escuchó desde atrás la voz de Bruce.

-      Puedo apostar a que fueron veintiuno. – comentó Justin, con una sonrisa victoriosa en los labios. – Ahora Brooks, si tú fueras la rata, ¿Dónde te esconderías? – Justin ladeó la cabeza, mirando si querer aquella mordedura de labio que ________ tenía. Ella intentó con todas sus fuerzas concentrarse.

-      Él probablemente sabe que esto está sucediendo ahora. A pesar de todo, es un hombre inteligente. – ella guardó silencio. – tenía una casa en Alaska. Nadie, además de mí, sabía de ella.
Bastó aquella frase, para que el oficial Osborn se pusiera de pie y empezara a hablar por el móvil. Tenían registrados todas las propiedas de Douglas en su archivo, solo bastaba un orden para tenerlo tras las rejas. “Soy el oficial Thomas Osborn reportándose, necesitamos cinco patrullas policiales interviniendo en la propiedad de Douglas García, ubicada en Alaska…”

-      Buen trabajo, Brooks. – Bruce se acercó a ______, dándole unos golpecitos en el hombro. Justin evitó observar eso, desviando la mirada como si nunca hubiese visto nada.

-      Parece que te tendremos aquí por menos tiempo. – comentó después de que Bruce se había ido. – Mejor para mí.



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